Frente a mi patio se detienen dos personas. Una lleva un chubasquero naranja y piensa en cruzar o no la calle. Tal vez le llama la atención el grafitti de la persiana de librería Ramón LLull, cerrada por la pandemia. Otra se detiene en el mismo momento bajo un paraguas negro que le garantiza un anonimato total. Pero tal vez ambas personas estén mirando el mismo grafitti.