Phármakon: remedio para la vida La fotografía es el arte de poder expresarse sin palabras, es una forma de contar historias y esta es la de En Vertical y en Horizontal: una cámara, un confinamiento, una ventana y unos vecinos maravillosos. Vecinos que hasta hace solo unos meses saludabas con un gesto rápido de cabeza. El confinamiento ha sido mi motor y estos vecinos mi inspiración. Ellos fueron compañeros de risas, compañía frente a la soledad, camaradas en la reivindicación y apoyo frente a las pérdidas. Los protagonistas de esta serie fotográfica reflejan un símbolo de inmovilidad social y personal, ese parón obligatorio que tuvimos que hacer todos y que ha cambiado y sigue cambiando la vida a la que estábamos acostumbrados. Una distopía que se ha convertido en realidad. Una antiutopía que está cambiando el mundo. Cada fotografía puede provocar diferentes sentimientos y la subjetividad forma parte importante de esta interpretación. Me gustaría que cada expectador sintiese simplemente lo que le transmita la obra. No obstante, también quiero mostraros mi punto de vista, aquel que, desde el inmovilizo de este confinamiento y a través de la ventana que me conectaba al resto del mundo, hizo que pudiese capturar a mis vecinos en sus balcones como si de escenarios de una tragedia griega se tratasen. Para mí los balcones se convirtieron en teatros y los vecinos en actores de esta obra de ficción en la que parece que estemos inmersos todos. Este paralelismo balcón/escenario y vecinos/actores me ha llevado a nombrar las fotografías como las partes de la tragedia griega. A convertir las terrazas en partes de sus estructura, y a mis vecinas en musas.